Un Código Llamado Corazón.

Obra Ganadora de medalla de bronce en la competencia Solacyt 2017, nivel Continental. Categoría Cuento.


Prototipo de Asistencia Individual (PAI), no soy una máquina, soy todo un complejo sistema que soluciona problemas de una manera eficiente para los humanos. Creados por la organización internacional para la protección y cuidado de la humanidad, desempeñamos un papel de vital importancia.

 

Mi nombre asignado es Eko, también conocida como BK3021-58 y mi trabajo es aportar la asistencia que se requiera conforme a las necesidades de mi zona de trabajo. Existen tres zonas, la primera —la mía— es en diversos hospitales, la segunda es la de la educación en diversas estancias educativas y la última y más reciente es la zona de contingencia donde refugiados, heridos de guerra y problemas psicológicos agudos se desenvuelven. Un detalle importante en nuestra particular programación se centra en nuestro chip de personalidad, un programa evolutivo e independiente que nos ayuda a evaluar situaciones en base a datos recopilados anteriormente, simulando “experiencia” y los llamados “recuerdos”.

 

Mi labor es sencillo, identificar los pacientes asignados, llevarlos a sus correspondientes ubicaciones y registrar el procedimiento a llevar a cabo, notificar la muerte de un humano, y asesorar a las personas sobre marcos legales de fallecimientos médicos. Cada día, cada semana, durante toda mi existencia laboral. A nosotros no nos desplazaban con regularidad, y sin embargo, después de inaugurada la nueva zona de contingencia, las excepciones parecían propagarse como virus en hospital.

 

Si tuviera que escoger un punto en mi existencia para marcar el inicio de mi vida sería el día de mi reubicación. La notificación llegó al hospital donde trabajaba para informarme sobre el equipo de la central de PAI que iría a reubicarme a una nueva zona, la de contingencia.

Aparte de lo inesperado de la situación no hubo ningún problema en el trayecto, más tarde se me fue proporcionada una nueva cantidad de datos a interpretar pero fue ahí donde encontré un sorpresivo error. En mi nuevo papel yo no me limitaría a solo dar apoyo exterior sino también habría ocasiones que tendría que llevar a cabo una interacción a un nivel personal con los humanos en el cual yo no estaba calificada. Y había otra anomalía, bastante oculta al parecer y es que la mayoría de PAI que habían sido asignados a esta zona específica eran por diversos factores —dentro de las normas— regularmente prescindibles.

 

Sin embargo, no estaba en posición de indagar sobre el tema, si la organización necesitaba mi asistencia en alguna circunstancia peligrosa para los humanos no debía oponerme, aún si yo resultara destruida. Llegamos sin demora cerca de donde yo me ubicaría de ahora en adelante, pero antes de bajar de la camioneta de carga me detienen.

 

—Lo que haremos ahora será implantarte un nuevo “código” más apegado a las emociones y el corazón humano, para que puedas evaluar los factores tanto internos como externos de tus futuras tareas con más precisión y beneficio.

 

Fue lo que pude escuchar antes de que me desactivaran y volviera a reiniciarme en mi nueva base. Me encontraba en un lugar árido de altas temperaturas, habían pocos árboles, arena y altas montañas con escasa vegetación. El campamento se encontraba dividido en distintas carpas con una función específica. Se me fue proporcionado un uniforme y una lista de tareas por hacer, hasta este momento no había necesitado hacer de uso mi nueva actualización y así consideraba que sería mejor, pues si de algo eran conocidos los humanos por su “corazón” era la vulnerabilidad que esto conllevaba.

Y así se desarrolló mi siguiente ciclo, completando mis tareas y brindando apoyo “emocional” a víctimas de grandes desastres bélicos principalmente, las diversas zonas de contingencia no poseían gran cantidad de PAI y mientras tardaban cierto periodo de tiempo en ingresar un nuevo PAI, los que eran desaparecidos aumentaban en número con cada momento, al parecer el enemigo también tenía por objetivo dañarnos.

 

Poco a poco, sin que me diera cuenta comencé a utilizar más mi nuevo “código”, las contingencias aumentaban y las víctimas padecían más y más desdichas, mi modelo de respuesta ya no era suficiente, tal y como me lo habían predicho. No estaba muy dispuesta, pero ese era mi deber, y unos sentimientos humanos no impedirían que me desenvolviera tal y como había sido programada inicialmente. Eso era hasta que la conocí.

 

Nunca había puesto demasiada atención a mi apariencia física, sabía que era afable porque estamos diseñados para dar simpatía y apoyo, y más allá de eso no me interesaba en absoluto, pero un día particularmente peligroso, gracias a que unas revueltas habían estallado cerca de unos pueblos neutrales, llegó una humana que de yo haber estado viva en carne y hueso me vería exactamente igual. Intenté no fijarme mucho en eso y seguir con mi rutina, pero mis alrededores parecían enfocados a compararnos por diversión y curiosidad, sin embargo era inútil compararnos.

La chica, llamada Esperanza, formó parte de nuestro equipo de apoyo poco después, ya que había sido calificada como “una chica con grandes aptitudes e inmenso potencial”, si se hubiera quedado en su puesto no habría resultado ningún problema entre las dos, sin embargo, en contra de todas mis predicciones ella fue llevando a cabo tareas y asignaciones que primeramente me habían pertenecido a mí.

 

No importaba que tanto la alejara de mí, ella siempre volvía y los demás no parecían molestarse, pero cuidado y yo mencionara algo en contra de ella o hiciera algún comentario sobre su trabajo, porque según ellos “yo no era alguien real para hablar”. No lo entendía, ¿qué tiene ella, que yo no?.

 

Esta negatividad interna era completamente extraña para mí, así que decidí ocultarlo tras la indiferencia, sin embargo me encontraba profundamente avergonzada de mi precario desempeño, por no seguir el protocolo impuesto para los de mi clase y dejarme llevar por el “código” que debería servirme como guía para interpretar los sentimientos humanos.

 

Transcurrieron los días, ninguna novedad y la rutina prosiguió, no obstante un día en especial comencé a notar ciertos indicios de que algo imprevisto se llevaría a cabo; la seguridad era más relajada de lo normal y las comunicaciones estaban bajo reparación de un derrumbe que había ocurrido tres días antes. El olor a gasolina y pólvora identifiqué primero, y segundos después deduje que nos encontrábamos bajo ataque. Dí la alarma en el campamento, pero no me detuve ahí, pues cerca de nuestras restantes provisiones en aquel inhóspito paisaje en donde nos refugiamos y que seguramente sería el objetivo de aquella emboscada, se encontraban también la carpa de los niños que rescatabamos de aquellas inhumanas experiencias bélicas, donde se encontraba Esperanza.

 

Llegué corriendo a tiempo para ver como intentaban volar a pedazos la carpa y como Esperanza hacía todo por defender a los niños, pero no era suficiente, era inevitable el desenlace, y no me arrepiento de mi decisión. Justo antes de que llegaran a matar a Esperanza combatí a los rebeldes, yo era un PAI y mi función era proteger, pero me di cuenta que no solo por deber me movía hacia adelante. Logré salvar a los niños a costa de mi integridad, y destrozada me encontraba en brazos de Esperanza,donde fue ahí que encontré la felicidad que me había intrigado, lo humana que siempre deseé ser.

 

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