Lágrima de Fe.

En la vida existe un ciclo que nos rige a todos por igual, que consta de cuatro etapas: nacer, crecer, reproducir y morir. Los humanos, plantas y animales poseemos esas características, pero no somos los únicos. Con ciertas diferencias, un ejemplo sería el sol, y otro más cercano, el mar.

 

No se acuerda de cómo es que nació, pero sí de que estaba solo. Aunque le hiciera compañía su amiga la Tierra, el mar sentía un gran vacío dentro de sí mismo. Así que cuando comenzaron a surgir pequeñas criaturas dentro de él se sintió muy feliz, e hizo la promesa de siempre amarlas, cuidarlas y protegerlas. Creó para ellas enormes espacios donde pudieran crecer y desarrollarse, donde consiguieran jugar y aprendieran a convivir, un lugar donde llegado el momento también les permitieran descansar en paz. Se esmeraba en que sus aguas estuvieran limpias y libres de todo mal, que la temperatura fuera la adecuada y de que, aún cuando su alimentación lo requería, nadie atacara a otro ser viviente sin una razón.

 

Pasaba el tiempo y el océano podía darse cuenta de los cambios que surgían a su alrededor, comenzó a notar que habían más animales y tierras que él no podía tocar o ver. Le contaba la Tierra cientos de historias que se llevaban a cabo sobre y dentro de ella. Le compartió detalles sobre las plantas que crecían, de los animales que se alimentaban de ellas. Le platicó de sus hijas las placas tectónicas que les gustaba jugar y la hacían reír tanto que distorsionaba su superficie terrestre.

Un animal en particular era más interesante que los demás. Era distinto y divertido de observar, caminaba en dos patas, como algunas aves, pero no volaba; Poseía dos brazos grandes, pero no eran demasiado fuertes;y aunque siempre había preferido a sus amigas, que consideraba su familia, los humanos — le había dicho la Tierra— se habían convertido en su más grande interés. Sin embargo, comenzaron a realizar ciertas acciones que lo hacían dudar, puesto que dañaron a su familia. El mar decidió creer que lo hacían sin intención y que no sabían que estaba mal dañar a otras criaturas y animales, por lo que les mandó diferentes advertencias cuando hacían algo malo, como cazar a sus animales y destruir sus hogares. Eso los detenía, pero no por mucho tiempo, y aún así terminaba perdonandolos.

 

Sin embargo eso cambió cuando un día, de repente sintió como lo arañaban en su superficie, un sentimiento tan singular y doloroso no lo pudo dejar pasar y entonces sus aguas se tornaron rojas de furia e indignación.

 

Fúrico, el océano se negaba a reconciliarse con los humanos y se negaba a darles paso a costa de sus heridas y el maltrato a su familia. Sin embargo, la Tierra la convenció de darles una nueva oportunidad, alegando y defendiendo a los humanos, explicándole que ellos no podían entender a las criaturas acuáticas ni al mismo mar. Le comentó que los humanos habían preparado un altar para pedir disculpas al mar y encontrar una solución viable a ambas partes. Aceptó bajo la condición de que a él también lo escucharan, aunque tuviera que adoptar una forma física que no era la suya  originalmente.

 

En el transcurso hacia el lugar en donde se supone se encontraría con los humanos, como el mar quería que ellos se sintieran cómodos con él, para hablar más amigablemente, le preguntó a la Tierra cómo es que ellos lo veían a él. La Tierra le contestó que se lo imaginaban como a una mujer, pues sus cambios en las mareas, las olas y demás lo hacían ver como una, y como suponen vivía en el océano entonces era mitad pez.

 

La cueva era bastante espaciosa y en medio había un pequeño manantial de agua que conectaba con el océano, y cuando se mostró por primera vez a los humanos, éstos se quedaron sorprendidos de la belleza y magnanimidad de aquél ser, la nombraron La Mar.

 

En esa reunión cada uno de los representantes de sus propios pueblos declararon la necesidad de cruzar las aguas y llegar a otras tierras más lejanas, pero la mar respondía con negación, lo que indignó a los humanos, que decidieron tomar una acción completamente drástica, una que hizo la Tierra arrepentirse por muchos años haber convencido a la mar de escuchar sus plegarias.

Convencieron al mar de que el problema residía en que ninguno de los dos conocía a profundidad cómo se sentía y sufría cada uno, y llegaron a la conclusión de si la mar compartía y les cedía su amor por el océano y todos los seres vivos que albergaba, entonces entenderían y solucionarían el dilema.

 

La mar, feliz de que pudieran comprender la seriedad del asunto, muy gratamente sacó de ella una pequeña burbuja que dentro poseía una diminuta lágrima resplandeciente.

 

— Esta burbuja —explicó la mar— simboliza todo el amor y cariño que yo poseo por ellos, y la diminuta lágrima es el sufrimiento y agonía que siento a cambio de la protección y felicidad de mis amigos, algo que jamás se comparará. Y hasta que ustedes comprendan ese nivel de entrega, entenderán que nada me detendrá a la hora de defender a quienes amo.

 

Los humanos habiendo entendido, toman la burbuja y separan la lágrima de ella, sin que la mar se de cuenta, colocando la lágrima dentro de una esfera de cristal, que aparte de distorsionar, y manipular la lágrima, simulaba la burbuja. Fingiendo asombro y benevolencia explican que por fin llegan a vislumbrar lo que quería transmitir. Era el turno de la mar de entonces conocer los sentimientos y necesidad del humano a las aguas de ella.

 

— Hemos reunido todos nuestros sentimientos en esta esfera de cristal, y tomando tu ejemplo —habla uno de ellos, mostrando la esfera en sus manos— decidimos también incluir una lágrima.

 

La mar sin sospechar que es su misma lágrima, toma la esfera en sus manos y la absorbe dentro de sí, pero cuando comienza a sentir una tremenda agonía y un sufrimiento sin igual logra notar las sonrisas de suficiencia de los humanos, antes de desmayarse y sumergirse dentro del manantial. Poco sabía que el amor que había impedido que ella sufriera en sobremanera por sus criaturas y familia se lo habían quedado los humanos y lo habían destruido, dejando en ella dolor e indiferencia. La indiferencia que los humanos sentían hacia el océano.

 

Descendiendo más y más, la mar continuaba sin abrir los ojos, ya cuando la encontraron sus animales, devastados la vieron sufrir. No entendían qué pasaba, y al ver cómo abría los ojos una vez más, ellos intuyeron la gravedad de la situación. El amor que ella había sentido alguna vez fue destruido, así como sus memorias. Al perder el cariño que sentía por los seres vivos que la rodeaban así también desapareció la protección que antes les había brindado, y los humanos comenzaron a sobrepasar los límites que antes el océano había impuesto sobre ellos.

 

Los animales fueron cazados y varias especies desaparecieron, los hogares submarinos fueron destruidos y muchos animales tuvieron que migrar a lugares más profundos para poder sobrevivir. No importaba lo mucho que gritaron, sollozaron o sufrieron, los humanos nunca se detuvieron, y el único ser que los había defendido sin importar qué, les había dado la espalda, aún sin intención. Poco a poco, comenzaron a sufrir en silencio y con resignación; ya no deseaban ellos ser salvados, sino buscar una salvación para el mar y así comenzó su búsqueda por humanos que pensaran diferente a los demás.

 

Mientras todo esto sucedía, la mar naufragaba en las aguas que en algún momento fueron suyas, pero con las que no podía encontrar alguna conexión íntima por más que intentaba. Ella sufría pero no sabía porque, lloraba y suplicaba por respuestas a preguntas que no tenía, y sentía cómo un inmenso vacío llenaba poco a poco su ser de desesperación; tenía que encontrar lo que había perdido, aún cuando no supiera con exactitud qué era.

 

Inició su búsqueda con determinación y esperanza, pero con cada año que pasaba solo conseguía sentir más frustración, y a punto de rendirse terminó en las orillas de una pacífica playa en donde sobresalía un risco. Una vista realmente conmovedora, contrastando la el oscuro ánimo de la mar que, desolada veía la llegada del astro rey. Sin embargo, justo en el momento en que la noche se hace día, ella logra vislumbrar dos pequeñas sombras que se divertían y jugaban en la cima del risco. Ella había perdido la confianza a los humanos muchas eras atrás, pues creía que lo único que sentían era indiferencia y un ego devastador, lo que a ella había destruido, sin embargo cuando se decidía a partir, una de las pequeñitas sombras cayó de imprevisto a sus inmensos brazos de espuma, en donde lo acogió con una ternura que la sorprendió a ella misma, y fue entonces que reconoció el parecido entre ellos, dejando claro que eran un par de hermanos, aunque eso no fue lo único que la sorprendió.

 

Instantes después de que la pequeña sombra había caído, la otra se quedó observando el vasto océano antes de gritar con una agonía que reconoció como suya. Muy dentro de ella se repetía una y otra vez el mismo sufrimiento que ahora podía apreciar en las lágrimas de aquél ser, que por mucho tiempo la llenó de odio y desprecio. Extasiada por haber encontrado lo que buscaba hizo presencia frente al niño y le preguntó el porqué de su sufrir. A lo que él respondió:

 

— Sufro por la pérdida de un amor,—sollozó con los ojos brillando en lágrimas— agonizo por mi impotencia a proteger lo que más apreciaba en el mundo.

 

Fue en ese momento que la mar le ofreció un trato: a cambio de intercambiar lágrimas ella le devolvería a su hermano. Aceptando el niño, inmediatamente el mar devolvió de entre su espuma aquel pequeño ser, que respiraba agitadamente sin abrir los ojos.

 

No tardó mucho la mar de absorber una vez más otra lágrima cuando el amor regresa a resonar dentro de ella, y cuando descubre todo lo que permitió que le hicieran a su familia, se voltea hacia el niño una vez más para agradecer y enseguida sumergirse a toda velocidad para defender lo que queda de sí y la familia que había llegado a olvidar.

 

El niño se queda quieto un momento para observar la lágrima que todavía sostenía con sus manos, antes de armarse de valentía y, con agradecimiento por la vida de su hermano, consumirla. No logra terminar de comprender lo que ha pasado cuando dentro de él retumbaba una infinita melancolía, tristeza, dolor y agonía, después entendió que se trataba de lo que había sufrido el mar todo este tiempo. Sintió amor por el mar y todo lo que representaba, se decidió a salvarlo y ayudar a todas las criaturas dentro de él. Con ese deseo comenzó a compartir su experiencia y a crear conciencia al respecto, creando una nueva generación de amor y perdón.

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